#MardelPlata El municipio, en busca de un margen de maniobra en el sistema de fases

El intendente pretende que la nueva etapa de la cuarentena no sea rígida. Procura que se puedan habilitar actividades clave más allá de los 21 días sin contagios. Cree que ese requisito no debería incluir a los repatriados que son aislados apenas llegan. E insiste con que seguirá enviando los protocolos que considere convenientes para la reactivación de Mar del Plata.

 

Guillermo Montenegro, intendente de General Pueyrredon.

Por Ramiro Melucci

Después de la expectativa sobrevino la incertidumbre. Las dudas se convirtieron pronto en zozobra. Y finalmente reapareció con fuerza la ansiedad. Ese fue el péndulo que hizo el humor del gobierno municipal desde el jueves hasta ayer. Desde el momento en que Alberto Fernández, Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta se sentaron a dar el anuncio de la extensión de la cuarentena hasta las últimas horas, cuando todavía se esperan novedades acerca de la implementación de las medidas tras la constatación de que Mar del Plata permanece en la fase 4 del aislamiento social, preventivo y obligatorio.

Acaso el gobierno local había puesto las expectativas demasiado altas. Cerca del intendente confiaban que Mar del Plata podía pasar a una fase superadora, que le permitiera la habilitación de nuevas actividades clave. En el plano de la reactivación económica aparecía la gastronomía. En el social, las salidas recreativas y los deportes individuales al aire libre. Sobre ese abanico acaba de abrirse un cono de sombras. De allí la intranquilidad oficial.

Guillermo Montenegro evaluaba cuatro protocolos para el sector gastronómico, según el tipo de local. La semana pasada hubo un ensayo y se esperaban otros. La ilusión del sector había puesto coto a los reclamos de las semanas previas. Pero ahora Mar del Plata parece haber quedado lejos de la fase 5, la única que admite la reapertura gastronómica. Por el lugar preponderante que ocupa la actividad en la ciudad, se advierte un nuevo y conflictivo escenario.

Lo mismo sucedía con los deportes individuales. Los había agrupado en tres categorías (náuticos y de playa; individuales y urbanos; de deportistas de alto rendimiento) y había elevado los protocolos a Provincia y Nación. Las incipientes protestas también parecían tener la respuesta esperada. Pero, de acuerdo al nuevo esquema, no hay deportes en la fase 4. Solo salidas recreativas a cinco cuadras del domicilio, de 18 a 8.

Es cierto que Montenegro también había solicitado ese tipo de paseos. Pero el horario causó un fuerte impacto. En invierno es plena noche. El frío, el temor a contraer otras enfermedades o la falta de seguridad desalentarían cualquier plan para salir a caminar, sobre todo en la periferia.  

En el municipio hablan por lo bajo de una incongruencia. En la Ciudad de Buenos Aires se puede pasear con chicos de 8 a 20, hasta una hora por día, a 500 metros del domicilio. Y desde mañana se permitirá salir de noche a caminar, andar en bicicleta, correr, circular en rollers y otras actividades similares. Es decir que en el área focal del coronavirus, que suma más de 450 casos por día y la semana pasada alcanzó los 10 mil, se podrán hacer más actividades recreativas que en Mar del Plata, que no alcanza los 40 casos totales.

El requisito para pasar a la fase 5 es presentar 21 días sin nuevos contagios. Las autoridades municipales lo saben: es, de momento, inalcanzable. Montenegro ya hizo un primer intento para que la interpretación de ese número no sea tajante. Su jefe de Gabinete, Alejandro Rabinovich, deslizó que no deberían contarse los repatriados que son aislados en hoteles apenas llegan.

Lo fundamental, creen en la administración local, es que el nuevo sistema no sea rígido y quede un margen de maniobra para el intendente. Traducido: que más allá de las fases se puedan ir incorporando actividades si se garantiza el cumplimiento estricto de los protocolos. Es política, todo puede suceder.

Hay una decisión en el municipio. La incertidumbre tras el anuncio de las fases, la sospecha de que podría demorarse más de lo esperado la habilitación de algunas actividades y la ansiedad por conocer cómo se implementará el nuevo sistema no será motivo de una pelea con Kicillof. No habrá que esperar de Montenegro frases altisonantes como la de Jorge Macri, que le recordó al gobernador que hace más de 25 días su municipio aguarda una respuesta del gobierno bonaerense para abrir los comercios barriales. O la de Miguel Lunghi, que llegó a advertir que Tandil habilitaría sectores sin autorización provincial.

Montenegro sí tuvo con ellos y otros 50 intendentes opositores una coincidencia: firmó, antes del anuncio de la extensión de la cuarentena, un documento que solicitaba a Kicillof “mayor autonomía para tomar decisiones ágiles en el territorio”. La intención era “avanzar hacia un nuevo esquema de funcionamiento de diversas actividades sociales, económicas y deportivas más flexible”.

El gobierno provincial reaccionó. Pero no contra el lote de jefes comunales, sino en particular contra los que, además, elevaron la voz para manifestar su malestar. Los casos emblemáticos fueron los de Lunghi y Ezequiel Galli, de Olavarría, que hizo una encuesta en su cuenta de Twitter para consultarle a sus ciudadanos si tenía sentido seguir con el aislamiento.

Como es costumbre, la ministra de Gobierno, Teresa García, fue la vocera ante los focos de conflicto que surgen en los municipios por la administración de la cuarentena: dijo que consideraría un “acto de rebeldía” la reapertura de actividades no permitidas por la Provincia. Hablaba puntualmente del caso de Tandil, pero resultó todo un mensaje para el resto de los alcaldes.

En la misma línea de aquel documento, Montenegro propició el debate legislativo para crear una Comisión de Reactivación Económica que pueda otorgar permisos provisorios hasta que la Provincia y la Nación extiendan el definitivo. La iniciativa, redactada por el jefe del bloque oficialista, Alejandro Carrancio, marcha rumbo a su aprobación en el Concejo Deliberante. La avaló la comisión de Promoción y Desarrollo, que tiene mayoría opositora –la abstención de Acción Marplatense fue determinante–, y espera la anuencia de la de Legislación, con mayoría oficialista.

Para el Frente de Todos, el proyecto es inviable: sostiene que una actividad podría ser autorizada por la comisión y luego desautorizada por la Provincia. La ministra de Gobierno pareció robustecer la posición cuando dijo que “la idea no es abrir y cuando aparecen los casos cerrar”, porque “eso genera mucha confusión”, sino ir abriendo lentamente y evitar las idas y vueltas.

El proyecto fue redactado en momentos en que el municipio todavía no tenía habilitados los comercios de ropa y calzado. Según el oficialismo, ahora podría ser clave para el sector gastronómico.

El elemento distintivo lo aportó la jefa del bloque radical, Vilma Baragiola. Al defender la iniciativa, dio a entender que la intención no es ir al choque con la Provincia y la Nación, sino dar habilitaciones provisorias a actividades ya “conversadas” entre el intendente, el gobernador y el presidente. Es decir que la comisión obraría como actuó Montenegro en el caso de los negocios de indumentaria: los habilitó por decreto dos días antes de que llegara el aval nacional, cuando ya contaba con consentimientos transmitidos desde La Plata y Olivos.

Pero todo eso fue dicho antes del jueves. Imaginar ahora cómo se compatibilizaría el funcionamiento de esa comisión que ni siquiera fue conformada con el sistema de fases de la Provincia es adentrarse demasiado en el siempre nebuloso campo de la futurología.

Fuente: La Capital de Mar del Plata

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