Desde distintos medios, que casi siempre son los mismos, se pregona la venta del Casino de Necochea poniéndolo como la panacea para solucionar problemas económicos estructurales.

Admiten, a pesar de la intención de presentar la venta como una solución, que solo puede paliar un déficit actual, en el supuesto caso que se venda en los montos que indican.

Vender un activo municipal, para pagar la deuda de hoy y salvar a una administración, no es un objetivo serio en lo político, ni en lo económico.

Incluso, se vuelve con esta idea en plena pandemia, lo que significaría que solo algún grupo empresario especulador apostaría a una compra que no sabe cuando podría usufructuar económicamente.

El Casino tienen múltiples soluciones, antes que venderlo, y quedaría como el símbolo que es para la ciudad.

Venderlo simplemente, mostraría una frustración más para una sociedad que ha perdido demasiado en su historia.

El arreglo de la mampostería edilicia, no es costoso, ya que la estructura está en muy buenas condiciones, dicho por los especialistas que lo han comprobado.

Esto permitiría, por ejemplo, trasladar el Municipio y dejar atrás un edificio como el actual Palacio Municipal, que sí está en peligro desde hace años.

Concesionar sectores que se pueden recuperar con inversiones privadas de mediano costo, y que implicaría reacondicionar un sector fundamental de la ciudad.

La estructura subterranea que existe en el Casino es espectacular, muchos no la conocen y se sorprenderían de los niveles de calidad y modernidad que allí se encuentran.

La venta sería un gravísimo error, y postraría a Necochea definitivamente como una ciudad incapaz de avanzar y seguiría en este derrotero de decadencia y postración.